Esta tarde cuando regresaba de mi paseo con mi perra Toya me pilló un chaparrón de fino granizo. No suelo llevar paraguas —una mano para cada acompañante: Toya y mi bastón—. Sí es habitual, en cambio, que vaya tocada; hoy con gorro de agua.  El granizo me azotaba el rostro, salpicaba las gafas, empapaba el sombrero. ¡Qué viva me sentí frente al aguacero! Como de niña, cuando en situaciones similares tornaba corriendo del colegio.

Desde que Toya está conmigo, me he mojado varias veces. Agua del cielo, del mar o del río. Hoy me han mojado las tres aguas. El agua, presente de la naturaleza. Presente “de”, sí. “De” y no “en” -que también-, es uno de los más bellos y necesarios regalos que el planeta nos da. No la derrochemos, la situación de esta tarde -antes tan habitual-, se está convirtiendo en excepcional.

Ilustración: theartofanimation.tumblr.com