-¿Abuela, por qué ya no vas nunca a la pastelería?
-Me hice vieja.
-¿Y eso que importa?; tus pastas son más ricas que las de mis padres.
-Llega una edad en que una ya no rinde como antes y molesta más que ayuda.
-Tú no, abuela.
-Yo también, Pablo, pregúntaselo a tu padre.
-No hace falta; dice que desde que te jubilaste ha perdido mucha clientela.
-Tu padre creció en la pastelería y nunca mostró interés por mi trabajo. Si hubiera hecho como tú, ahora sería un gran pastelero.