-Señor, ¿puede ayudarme?
-Con mucho gusto. ¿Qué desea?
-Que busque a mi dueña.
-¿Para eso no tendrá usted mejor olfato?
-Es que me ha dejado al cuidado de su maleta y eso también lo hago mejor.
-¿Y para qué quiere buscarla?
-Para advertirle que el tren está a punto de partir.
-¡Empezara usted por ahí! Eso, sin duda, lo haré yo mejor.
-No esté usted tan seguro, pero se lo agradezco.
-¿Tiene idea de su paradero?
-Ha ido al servicio.
-Entonces no hay problema, trabajo aquí; conozco muy bien la estación.
-Por eso me dirigí a usted, pero ha tardado en comprender.

Ilustración: Sam Toft