-Mirad lo que hace Roy: ¡Roy, cuclillas!
-¡Qué listo!
-Mis padres no me dejan tener perro.
-Tampoco me dejaban a mí.
-¿Y cómo los convenciste?
-Comportándome como un perro maleducado. Comía con la boca, orinaba en cada rincón de la casa, ladraba por todo, arañaba los muebles, escondía las zapatillas, lloraba a gritos si me dejaban sola…
-¿Y no te castigaban?
-Sí, pero no cedí. Acordamos que dejaría de fingir ser perro si me traían uno de la protectora. Si me ocupaba de atenderlo y lo educaba me dejarían quedármelo.
-Ja, ja, ahora ya no tendrán valor para devolverlo.
-No necesitarán hacerlo, le atenderé mientras viva!

Ilustración: Cicely Mary Barker