Los que me conocéis, sabéis que entre mis pasiones se encuentra la lectura. Debido a ello, procuro evitar releer y escoger meticulosamente, dentro de lo que puedo (me abastezco del grueso de mis lecturas en la Red de Bibliotecas Públicas del Principado de Asturias), lo que leo. En cambio, hay unas pocas obras que releo cada equis años, algunas todos. Entre las primeras, se encuentra La Biblia; en mi opinión, una de las mejores obras literarias existentes. Releerla, sumado a la costumbre que tengo de anotar los pasajes que encuentro de interés en mis lecturas, provocó que me aprendiera pasajes enteros y que me vengan a la memoria aplicados a un acontecimiento concreto. Hoy, debido al amanecer crepuscular que tuvimos en Asturies, me vino el siguiente:

«Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada».
Pedro 3, 10

Si los habitantes de esta tierra en la que estamos de paso —convirtámonos en energía, vayámonos al cielo o volvámonos nada— seguimos sin querer entender el daño que causamos al planeta y que es urgente tomar medidas, moriremos abrasados. Se cumplirá la profecía.

Imagen: Miki López