Hay combinaciones de palabras que oímos a menudo sin escucharlas, sin pararnos a pensar el profundo significado de las mismas. «Lengua materna» es una de ellas. Para unos es el medio más auténtico para expresar sus sentimientos y comunicarse con la familia o comunidad. Entendiendo por esta última al conjunto de vecinos y no a una entidad territorial, aunque también.

Pero quiero huir, precisamente, de ese contexto que nos lleva, sin remedio, a la otra interpretación que se hace de la expresión «lengua materna»: peligro a combatir. La mala política, o más concretamente, los políticos malos, fabrican peligros sin cesar. Cuantos más peligros fantasmas intuyamos los ciudadanos, mejor. Campo despejado para seguir ejerciendo alegremente su política adversa a nosotros.

A estas alturas, habrá quien haya abandonado este texto creyéndolo una exaltación del nacionalismo. Nada más lejos de mi intención sin embargo. Es una exaltación de todas las lenguas propias, la de cada uno de nosotros. De la lengua que heredamos. De las primeras palabras que oímos en casa, a nuestra madre. Palabras que nos acompañan en los primeros años de vida, cuando nuestro territorio es habitado por los que nos aman, solo por ellos. Ese entorno de abrigo en el que aprendemos a amar lo propio.

Heredamos los rasgos, heredamos los gestos, heredamos las costumbres. Heredamos la lengua. La lengua que narra nuestra historia familiar y a la que podemos sumar muchas más. Pues cuantas más conozcamos a más gente comprenderemos. No en vano, conocer facilita entender.

De modo que convendría conocer un poco mejor nuestra lengua materna y su origen para opinar convenientemente sobre ella. No reivindico una postura política, reivindico respeto hacia una lengua, en mi caso el asturianu, a la que se le niega incluso la existencia. Hoy, Día Internacional De la Lengua Materna, es el día más indicado para recapacitar sobre este hecho.

Las lenguas surgieron para unir, no para separar. Materno es aquello propio, de la madre, de nuestros afectos. ¿Por qué enemistarnos, entonces, con nuestra propia lengua? Sinceramente, solo desde el desconocimiento y el desamor entiendo el motivo.

Ilustración: Claudia Tremblay