Una palabra, lealtad, para describir a Toya. Pegada a mi cama un día tras otro. Se esconde bajo ella cuando la vienen a buscar para salir. Aun así, obedece. Obediencia, también la define. Mi familia consigue distraerla un buen rato, hace ejercicio y corre feliz por prados anegados. La llaman y acude. Un ladrido impaciente a la puerta de mi habitación me advierte de que los ausentes regresaron. Vuelven satisfechos, aunque cansados. Los años no perdonan. Me cubre de besos. Brutalmente cariñosa, la adjetiva mi padre. Lleva razón, eso también la define.

Imagen: Fototeca propia