El día ha sido benévolo y nos ha regalado una tarde de primavera. Lo ha sido en verdad, porque al sol vespertino se unió la posibilidad de jugar al «busca chuches» con Toya. Hacía tiempo que, por diferentes razones, no podía permitírmelo.

A Toya y a mí nos divierte mucho este pasatiempo. La principal razón para ambas, es que lo realizamos juntas. A ella le entusiasma, también, porque rastrear forma parte de su naturaleza, hace algo que yo le indico y obtiene de recompensa un trocito de comida.

En cuanto a mí, me fascina observar cómo busca y encuentra las chuches que previamente dispongo sin que me vea. Cómo olfatea el aire, como insiste cuando está difícil de alcanzar el objetivo.

En definitiva, cómo se esfuerza para conseguir algo que desea. No sé cómo se arreglan estos maravillosos animales, siempre enseñándonos valores.

Imagen: Toya posando para vosotros tras el juego, fototeca propia