-No pongas esa cara, Príncipe. Ya sabes que si quieres entrar en casa tienes que asearte.
-No tengo inconveniente, pero me parece inapropiado que me bañe mi propia dueña en la bañera de casa.
-¿Y quién sino y dónde, excelencia?
-¡Qué menos que llevarme a la peluquería!
-Definitivamente el nombre se te ha subido a la cabeza. De haberlo sabido me hubiera decantado por Mendigo.

Ilustración: Fred Carelli