Cuando yo era adolescente, los mayores me decían que el tiempo a partir de los veinte años volaba. El tiempo a mí, entonces, me daba para un sinfín de cosas. Salir, conversar o jugar con los amigos; andar en bicicleta, nadar, estudiar; sentarme en cualquier lugar a observar y escuchar las conversaciones de la gente y tomar notas al respecto, registrar acontecimientos personales y sociales en Mi cuaderno de vida y escribir ficción; leer, dibujar, hacer artesanía y disfrutar de la familia e, incluso, holgazanear.

El paso de los años me ha demostrado, en efecto, que los mayores tenían razón: el tiempo a partir de los veinte años vuela. Ahora bien, lo que los adultos no me advirtieron es que no solo pasa más rápido, sino que cunde menos. ¿Cómo, si no, pueden haber pasado casi cuatro meses desde mi anterior publicación en este blog? Aunque es probable que esté siendo injusta con la magnitud temporal, pues han sido muchas las cosas que me han ocurrido y he llevado a cabo en estas semanas de silencio.

Ciñéndome a lo estrictamente profesional, debo contemplar que la novela juvenil que estoy escribiendo avanzó considerablemente en este tiempo. Es más, convendría tuviera en cuenta que mi compañero creativo —el ilustrador argentino Gustavo Mazali— y yo hemos concluido ya dos de los proyectos que, hace tan solo unos meses, teníamos en mente. Además de que ya tenemos realizado un avance del tercero, lo abordaremos juntos la semana próxima. Tras meses de relación virtual y telefónica, por fin, nos encontraremos. ¡Si hasta ahora hemos trabajado tanto y tan a gusto, qué no haremos ahora que compartiremos, no solo una misma concepción creativa e ideas, sino espacio físico! Nos envuelve el entusiasmo.

Así que retomando el inicio de esta publicación, creo oportuno indicar que, si bien, la sensación del paso del tiempo a partir de los veinte años no es la misma, es inexacto que cunda menos. Lo que ocurre —al menos en mi caso— es que le pedimos demasiado a la vida. Esta vida generosa que nos permite cumplir sueños y crecer con ellos. Que aún estando llena de dificultades nos da valor para superarlas, pues esta etapa tan creativa tampoco se ha librado de ellas. No obstante, Mazali y yo no consentimos nos amilanaran y hemos centrado la energía en trabajar con la fuerza que da la ilusión y el creer en lo que se hace. En breve expondré una muestra de nuestra obra conjunta en La escritura es un estado y en mi página personal de Facebook, elmasvega, para que podáis conocerla.

Antes de concluir, os indico que pretendo retomar la publicación diaria de los microcuentos la semana próxima. Os recuerdo: un microcuento de lunes a sábado, redactado según me inspire una ilustración y, los domingos, un par de reflexiones; una de otro escritor y una propia, acompañadas de una ilustración a propósito.

Termino indicándoos que la imagen de esta publicación es un boceto del diseño que Gustavo está haciendo para la cabecera de mi blog y mi página personal de Facebook. Hago hincapié en que es solo un boceto. Sus múltiples compromisos editoriales y su viaje a España, no le han permitido acabar el dibujo, pero a mí me gusta tanto que le he pedido permiso para publicarlo mientras realiza el definitivo. No dudo será de vuestro agrado.

Ilustración: Boceto de Gustavo Mazali