No tengo voz. Literal. Las palabras me quedan más abajo del pecho, en donde los efectos de la contaminación atmosférica les corta el paso.

Las palabras me quedan en el estómago, donde las digiero y las conduzco hacia aquí en forma de súplica:

¡Conciencia, por favor, no nos queda tiempo!, el planeta se ahoga!

Algunas personas llevamos advirtiéndolo más de treinta años. Entonces se nos calificaba de fanáticas. ¿En qué nos hemos convertido ahora que es patente lo que presagiábamos? ¿En videntes?

No, apuesto que para la mayoría somos una panda molesta, reaccionaria. Donde esté el crecimiento y el consumo, ¡¿dónde vas a parar?! Sigamos con esta vida sin vida, ¡total!… yo me voy a morir.

Imagen: Fototeca propia