Esta mañana he decidido no daros ánimos para levantaros ni reprenderos por no haber hecho ejercicio y asearos. Doy por hecho que eso ya lo tenéis asumido a estas alturas de confinamiento. Hoy me importa más preguntaros si os habéis parado a pensar que muchos de nosotros -los enfermos crónicos no oncológicos-, nos pasamos días, semanas o meses confinados. En un hospital, en casa o en una habitación. Algunos, como es mi caso, renunciando a aficiones desde niños. Adaptándonos a continuos cambios para peor. Asumiendo la fragilidad de nuestro cuerpo, siempre tirano, doliente, traicionero. Y no exentos de los infortunios comunes a todos. Y así, hemos hecho fuerza de la esperanza, riqueza del encierro, humor de nuestras incapacidades y aprendizaje de nuestra condición de dependientes. Sólo eso, mis seres queridos. Leído esto, de cada uno de vosotros depende sentiros más animados y solidarios para luchar contra el virus o quejaros de vuestro encierro. 

Ilustración: weheartit.com