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La escritura es un estado

Elma S. Vega

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Con mi perra siempre

Tarde benévola

El día ha sido benévolo y nos ha regalado una tarde de primavera. Lo ha sido en verdad, porque al sol vespertino se unió la posibilidad de jugar al «busca chuches» con Toya. Hacía tiempo que, por diferentes razones, no podía permitírmelo.

A Toya y a mí nos divierte mucho este pasatiempo. La principal razón para ambas, es que lo realizamos juntas. A ella le entusiasma, también, porque rastrear forma parte de su naturaleza, hace algo que yo le indico y obtiene de recompensa un trocito de comida.

En cuanto a mí, me fascina observar cómo busca y encuentra las chuches que previamente dispongo sin que me vea. Cómo olfatea el aire, como insiste cuando está difícil de alcanzar el objetivo.

En definitiva, cómo se esfuerza para conseguir algo que desea. No sé cómo se arreglan estos maravillosos animales, siempre enseñándonos valores.

Imagen: Toya posando para vosotros tras el juego, fototeca propia

Vistiose’l día

 

Vistiose’l día de sol y llenose la güerta de color. Reflexiome na cara, dibuxonme una sonrisa. Agora, na nueche, entovía mi dura

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Semeyes: Fototeca propia

En Principets

Cada año voy a Principets. En el salón de mascotas del Principado, que tiene lugar en el pabellón de exposiciones de la Magdalena de mi ciudad natal, es posible ver hermosos ejemplares de todas las razas, adoptar un perro, comprar lo que necesites o antoje para tu mascota y ver demostraciones varias de habilidades caninas.

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Pero Principets es, también, una cita clave para informarse de todo lo referente a nuestros animales de compañía. Entre otras cosas, de las leyes existentes para la tenencia de los mismos y su convivencia en sociedad.

Este año el estand del ayuntamiento de Avilés informaba sobre la campaña que está llevando a cabo para facilitar dicha convivencia. Algo muy complejo, pues a pesar de que en esta ciudad somos muchos los que amamos a los perros y nos desvivimos por ellos, son más los que les tienen aversión.

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Confío en que la campaña presente sea el principio de lo que debería haber sido ya —va a hacer ahora veinticinco años, cuando tuve mi anterior perra—. Entonces, un numeroso grupo de personas con sus respectivos canes, irrumpimos en la sala de plenos del ayuntamiento para quejarnos por la falta de zonas de esparcimiento para ellos y pedir se creara una normativa municipal que regulase nuestros derechos y deberes.

Aquello quedó en nada. Era otra época, había menos perros, la gente era más tolerante y los perros estaban menos estresados, nos arreglamos como pudimos. Pero ahora hemos llegado a un situación en la que es imprescindible tomar medidas que la regulen, pues cada vez son más los problemas entre los dueños de perros y los que no los tienen. Sin embargo, no se puede obviar algo tan evidente como que necesitan hacer ejercicio para liberar su energía. ¿Dónde?

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Respecto a los animales, España está sujeta a leyes obsoletas, descabelladas en cualquier otro país civilizado. ¿Será que no lo somos? Cómo se me puede ocurrir semejante pregunta, me da miedo leer vuestras respuestas.

Imágenes: Fototeca propia

Lealtad, obediencia y cariño brutal

Una palabra, lealtad, para describir a Toya. Pegada a mi cama un día tras otro. Se esconde bajo ella cuando la vienen a buscar para salir. Aun así, obedece. Obediencia, también la define. Mi familia consigue distraerla un buen rato, hace ejercicio y corre feliz por prados anegados. La llaman y acude. Un ladrido impaciente a la puerta de mi habitación me advierte de que los ausentes regresaron. Vuelven satisfechos, aunque cansados. Los años no perdonan. Me cubre de besos. Brutalmente cariñosa, la adjetiva mi padre. Lleva razón, eso también la define.

Imagen: Fototeca propia

Mi ama me ama

Este es mi aspecto hoy. A lo largo de un mes, Alessandra ha ido recortando a tijera mis enmarañados rizos. Alessandra huele bien, me inspira confianza, aunque reconozco que soy muy desconfiada, a ella no la temo. Mi ama dice que, aunque no tengo pinta rústica —ella me quería así, country— estoy guapa igualmente y que en unos meses tendré, por fin, el pelo propio de una PDAE.
Elma me anima cada día, bien con que voy a superar mis temores o bien con que va evitarme padecer alergia. Yo se lo agradezco, aunque sospecho que también lo dice para retomar fuerzas ella. A veces, la pobre, agobia un poco, sobre todo, cuando como hoy tiene que soportar un cólico de estómago. Entonces yo la ayudo a sobrellevar el dolor. Me meto por ella y la lamo, me dejo abrazar y le doy calor. Entonces ella, mi ama, huele muy rico, a puro amor.

Imagen: Fototeca propia

Atrapando el momento

Sentada al abrigo de la solana. Viento, lluvia, sol. Toya y su balón. Paz. Atraparía el momento para el mañana. Sólo tengo a mano el teléfono móvil y la memoria. La palabra escrita, también.

Imagen: Fototeca propia

Un amor con consecuencias

Toya me observa desde la alfombra. Me lleva estudiando desde hace años. Dos ya. Sabe más sobre mí que yo misma. Estos días estoy en cama, consecuencias de mi enfermedad. Ella sabe que hay momentos mejores, y que los peores pueden ser de diferentes grados y tiempos. Ha comprendido que si estoy en cama la cosa está seria y que no podré pasear con ella, ni siquiera jugar en casa. De modo que no pide ni lo uno ni lo otro. Paciente se echa a mi lado, en la alfombra, respira profundo y se adormila. No se apura, ella ha elegido una misión: hacerme compañía. Otro querido miembro de la familia la insta a salir. Me mira inquisitiva. ¿Sin ti? Asiento. Comprende pero se hace la remolona, abandonar su puesto no le gusta. Por fin, tras que yo insista en que ha de irse, lo hace. No tarda en regresar; ha hecho un poco de ejercicio y sus necesidades físicas. Entra como una tromba por la puerta de mi habitación. Posa sus pies, manchados de tierra, sobre el embozo de la cama ávida por lamer mis manos, mi cuello, mi cara ¿Cómo negárselo a pesar de lo que conlleva? Me siento incapaz.

Imagen: Fototeca propia

En noviembre conviene…

Yo soy más bien quijotesca, sin embargo comparto con el escudero del caballero su pasión por los refranes. Sin duda, debido a mis orígenes humildes, campesinos en su mayor parte. En consecuencia, hace unos días escuché en mi medio comunicativo preferido, la radio, un refrán propio de esta época y que, para mi sorpresa, desconocía o no recordaba, lo que viene a ser lo mismo sino peor. Quizá no sea ese vuestro caso, pero por sí lo es, aquí os lo escribo:

«En noviembre el enfermo que no agarra cae con la hoja de parra».

Mes en que, en efecto, llegan los primeros catarros, las terribles gripes, la decrepitud de la edad avanza inexorable, etcétera, etcétera. O sea, aquellos de salud delicada, por la cuenta que nos trae, agarrémonos.

Como veis en la imagen destacada, Toya posa gustosa para vosotros ante la Parra de Virginia tras tremenda correría por el pueblo.

Imagen: Toya ante la parra de Virginia, Fototeca propia

Las zapatillas de mamá

-Deberías tirar esas zapatillas.
-¿Por qué, Pipo?
-Te ponen triste.
-Me recuerdan a mamá.
-Ella no volverá, juega conmigo.
-No me apetece, me apetece sentir a mamá.
-Siénteme a mí, yo estoy vivo.

Ilustración: Grafolio

Un teléfono para Toya

No me gusta hablar por teléfono. Tampoco escribir. Rompe mi orden, mi paz interior y mi silencio. Sin embargo, llevo dos mañanas pensando en comprarle uno Toya. De tenerlo, ayer y hoy la hubiera llamado desde el hospital. También lo haría mañana y pasado, que otra vez me toca ir.

Y es que cuando una se pasa la vida pegada a una perra a la que quieres, te es fiel hasta el asombro, te mira con absoluto amor y es suave como un algodón, si te separas de ella la añoras más que a nada en el mundo.

A juzgar por como me recibe, apostaría a que estaría encantada de poder llamarme. No me cabe duda de que a media mañana me pegaría un telefononazo y me preguntaría, con interés y delicadeza, cómo me va. Si los médicos me tratan bien, si las noticias han sido mejores, si estoy muy cansada y, sobre todo, me diría: “Te estoy esperando para besarte y abrazarte, para estar a tu lado y para jugar contigo cuando necesites distraerte”.

¡Vamos, lo mismito que hace mi hermana! ¿Tendrá que ver que son madrina y ahijada?

Dos perras, diferentes e iguales 

Yo tenía una perra cocker. La cepillaba cada día, tenía un pelo lustroso, unos ojos almendra y mirada dulce. Pura alegría. Pero Rita era, también, muy muy presumida. Pasaron los años, Rita se fue y yo deseaba otra compañera. Espera y espera. La vida no me la concedía.

Entre tanto yo elucubraba: una cocker no porque la compararé con su antecesora; una golden retriever, demasiado grande. Entonces, revolví en mi interior y comprendí que, desde ha mucho, yo deseaba una perra de aguas española. Una perra navegante, ovejera, cobradora, rústica que no necesitase apenas cuidados.

¿Y qué pasó? Que llegó Toya. A mi perra rústica se le meten las yerbas, los pinchos, las piedras; hasta la pelusa de las alfombras, ¡todo! por entre el pelo. Se le apelmaza, enreda, hiede, y cae, si permanece mojado. Su pelaje requiere tantos y más complejos cuidados que Rita. De modo que Toya y yo establecimos sesiones de acicalamiento. Ella se deja hacer y yo relajo la mente jugueteando con sus rizos. Así pasamos agradables y largos ratos.

Terminada la sesión de hoy me alejo un poco, observo su aspecto. Se la ve limpia, esponjosa, le brilla el manto. Pero, !ay, horror!: levanta la cabeza y me echa una mirada lánguida. ¡Toya! —le preguntó— ¿te estás volviendo presumida?

Ilustración: Fototeca propia

El agua, presente de la naturaleza

Esta tarde cuando regresaba de mi paseo con mi perra Toya me pilló un chaparrón de fino granizo. No suelo llevar paraguas —una mano para cada acompañante: Toya y mi bastón—. Sí es habitual, en cambio, que vaya tocada; hoy con gorro de agua.  El granizo me azotaba el rostro, salpicaba las gafas, empapaba el sombrero. ¡Qué viva me sentí frente al aguacero! Como de niña, cuando en situaciones similares tornaba corriendo del colegio.

Desde que Toya está conmigo, me he mojado varias veces. Agua del cielo, del mar o del río. Hoy me han mojado las tres aguas. El agua, presente de la naturaleza. Presente “de”, sí. “De” y no “en” -que también-, es uno de los más bellos y necesarios regalos que el planeta nos da. No la derrochemos, la situación de esta tarde -antes tan habitual-, se está convirtiendo en excepcional.

Ilustración: theartofanimation.tumblr.com

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