Desde 1995 la comarca de Avilés se beneficia de una asociación que lucha por la integración de las personas con discapacidad física; por ese motivo a finales de 2003 comencé a colaborar con DIFAC. Pienso que es un buen momento —tras una década de existencia— para hacer una valoración de su trabajo. Para ello he entrevistado a su máximo responsable y a algunos socios y me he detenido a pensar cómo era nuestra ciudad la primera vez que necesité silla de ruedas, hace ahora veinte años.

Domingo Martínez Sola, prudente, trabajador y diplomático, es el presidente de la agrupación desde su fundación. Su cargo, junto con su temperamento, hacen que sea la cabeza visible de la organización. DIFAC está constituida por una junta directiva que se encarga de diferentes áreas: Atención al Ciudadano que informa, orienta y asesora (programa IOA) sobre cualquier tema relacionado con la discapacidad al que lo solicita, socio o no; y Educación, Urbanismo y Deportes que desarrollan otros reseñables programas que comentaré más tarde.

Le pregunto a Domingo la razón por la que nació DIFAC y cómo fueron sus inicios, “cuando se fundó no existían asociaciones locales de discapacitados de estas características por lo que la iniciativa fue novedosa; queríamos trabajar directamente con los ayuntamientos porque las regionales no lo hacían”. La propuesta fue bien recibida por parte de los responsables municipales y empezaron a actuar conjuntamente. El inicio no fue penoso, escaseaban el personal y los recursos económicos, pero contaban con ilusión, ideas y motivación y las instituciones no pusieron demasiadas trabas. Los ayuntamientos y el Principado no tardaron en darles pequeñas subvenciones.

Parte de los primeros integrantes de DIFAC procedían de otras formaciones de las que se desvincularon porque no cubrían las necesidades de los municipios. “Hoy en día —a decir de su director— hay poca relación entre ellas”; ahora bien, hace hincapié en que “sería conveniente que periódicamente, al menos una vez al año, los máximos responsables de cada agrupación se reunieran para tratar de los temas que les incumben a todas y hacer fuerza común”.

El presidente me contesta con desánimo cuando le pregunto en que afecta a DIFAC su integración en la Federación provincial de discapacitados físicos (COCEMFE- ASTURIAS), “la Federación no responde como debiera; COCEMFE debería obligar a la administración a que cumpla la ley de barreras y apoyar a las asociaciones, para que con su fuerza, sea más fácil alcanzar nuestros objetivos”.

Conocedora como soy de los programas que lleva a cabo la organización, en los que Domingo ha puesto todo su empeño y entusiasmo desde el principio, le solicito que me hable sobre ellos. Coincidimos en que lo más importante para lograr la plena integración de las personas con discapacidad es dar a conocer detalladamente sus limitaciones y posibilidades. Este es el fin de la Campaña en Centros de Enseñanza (CACE) dirigida a escolares. Es un programa divulgativo, de sensibilización y formación sobre el tema. El EBA (Eliminación de Barreras Arquitectónicas) es el buque insignia de la asociación; como diría su patrón, “donde hay una barrera, allí está DIFAC”. Con este programa se crearon en los ayuntamientos de Avilés, Corvera y Castrillón, las Comisiones de Barreras en las que intervienen integrantes de la formación, responsables políticos municipales y personal técnico. Estas comisiones hacen un seguimiento de las obras que se llevan a cabo en la Comarca y evitan que se incumpla la ley de barreras, elimina las existentes o las mejora en lo posible. También cuenta con un programa (3- D) para el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Al contrario que otros grupos, ha optado por hacer de ese día una jornada festiva cuya mayor ambición es en palabras de su máximo responsable, “que la gente esté a gusto con nosotros y que nos conozcan”. Para ello hacen variedad de actos deportivos, culturales y sociales. Para concluir con este tema hablamos de los talleres para socios que se imparten en la sede de la agrupación que actualmente son: ocio y tiempo libre (OTIL), autoestima y comunicación (AYCO) y dibujo y pintura; su objetivo es que sus participantes pasen unas horas distraídos, fuera del entorno familiar y relacionándose entre ellos.

Hablando de los programas y actividades de DIFAC, inquiero sobre sus recursos económicos. La asociación carece de financiación propia, subsiste con la cuota de sus doscientos afiliados y de las subvenciones de los ayuntamientos de Avilés, Castrillón, Corvera, la Consejería de Bienestar y Seguridad Social, de la Obra Social de CajAstur —que proporciona capital para la Campaña en Centros de Enseñanza— y de la contribución especial del ayuntamiento de Illas para el 3- D; cuando necesita un aporte económico puntual se dirige a particulares. Domingo y yo coincidimos en que si se contase con más dinero se podrían prestar más y mejores servicios. Considero que con mayores ingresos sería posible realizar en la Comarca una campaña de información ciudadana sobre nuestro colectivo, dado que me parece imprescindible en la actualidad.

Abordo el tema de los socios, el presidente dice que “son muy pasivos”. Más o menos, nos recrimina que sólo nos apuntamos cuando hay jarana, que nos despreocupamos de las obligaciones que adquirimos cuando nos afiliamos. Piensa que “con mayor responsabilidad por nuestra parte DIFAC sería aún más fuerte, valorada y respetada”. “Voy a hacer una autocrítica —inculpa a los miembros de la junta directiva— quizás no hemos sabido motivarlos lo suficiente”. Prefiere que los integrantes de la asociación estén comprometidos con los fines de la misma a que sean gran número pero estén desmotivados.

En este punto, considero indispensable saber qué opinan de DIFAC sus socios. Por lo general lo fundamental para ellos es el problema de las barreras arquitectónicas y estiman que en eso está trabajando eficazmente. Lo más común es que hayan llegado a la formación a través de un amigo o porque han ido a hacer una consulta al departamento de Asuntos Sociales y los han remitido a ella. Están satisfechos con las actividades que les ofrece, “les estimulan a salir de casa, pasar una horas olvidándose de sus problemas y relacionarse entre ellos”; valoran, sobre todo, el taller de autoestima y comunicación, “les ayuda mucho a salir de si mismos, a superar sus problemas al ver que otros están pasando las mismas dificultades y a revalorarse tras el trauma que les lesionó”. También hay quienes tienen una visión más crítica y opinan que la agrupación podría hacer más si se autofinanciara o si en su junta directiva hubiera gente más joven, con nuevas ideas y conocimientos más actuales.

Su presidente y yo ya habíamos departido sobre la necesidad de savia nueva, ambos la juzgamos necesaria, el problema es que no llega gente a la organización con ese perfil y ganas de trabajar. Están los colaboradores, distintos profesionales que prestan un servicio en el que no prima la retribución, pero que no pueden solventar las demandas actuales que hay. Pregunto a Domingo cómo ve el futuro de DIFAC, “espero que la asociación se vaya renovando y que los programas existentes, como el CACE o el EBA, no tengan sentido; eso indicaría que ya se ha andado mucho”.

En mi opinión, DIFAC ha hecho una importante labor en sus diez años de existencia. Recuerdo que hace poco más de una década por Avilés no se podía transitar en silla de ruedas, era inhabitual verla por la calle, por el contrario, hoy se ha hecho cotidiano, lo que además favorece la integración social de las personas con incapacidad física. La Comarca de Avilés es el núcleo asturiano donde menos barreras arquitectónicas hay. Prioritariamente se vigila el cumplimiento de la Ley de barreras y su reglamento. El número de plazas reservado para aparcamiento de minusválidos es superior al de otros lugares, sin menoscabo del resto de conductores, estando la policía local concienciada de este derecho y velando para que se respete.

Como dice Domingo Martínez Sola, “en estos diez años hemos dado pasos y tenemos unos cimientos muy sólidos, pero ¡claro!, ahora hay que hacer el edificio”. En efecto, aún queda mucho por conseguir. Ante todo, que la discapacidad no anule nuestra valía para desarrollarnos como personas, que si bien empieza por nosotros mismos es también imprescindible que tengamos la opción de integrarnos en la sociedad, lo que de momento no es factible, hasta entonces, DIFAC seguirá trabajando.

Avilés, 28 de mayo de 2005