La peregrinación a Santiago de Compostela se inicia en el siglo IX impulsada, fundamentalmente, por los monjes benedictinos de Cluny y su filial española de Sahagún. En esa época, cuenta la leyenda, fue hallado el sepulcro del apóstol Santiago en tierra compostelana. Dice la tradición, que con anterioridad Santiago el Mayor vino a Iria Flavia a convertir a los españoles al cristianismo; regresó a Jerusalén en donde fue martirizado por Herodes Agripa que ordenó degollarle, lo que le convirtió en el primer apóstol que dio su vida por la fe.

El peregrinaje a la tumba del mártir enseguida cobra mayor relevancia que el resto de las peregrinaciones a otros lugares santos, porque el Camino de Santiago posee ciertas características que lo diferencian de los demás: Compostela se encuentra en lo que se consideraba en la Edad Media el final de la tierra —finis terrae— con el atractivo que eso suponía para el hombre de la época. Su vinculación a la vía láctea, que el creyente de entonces consideraba un camino de estrellas, hizo de él un recorrido singular. También influyó en su distinción el hecho de que Carlo Magno visitara el sepulcro y que su sobrino Rolando muriera en Roncesvalles, pues atrajo a los aristócratas a realizar la Ruta Jacobea. La monarquía impulsó el Camino Francés dotándolo de infraestructura y velando por la seguridad de los caminantes. De igual modo, contribuyó a su popularidad los privilegios que pronto le otorgaron los papas, como el singular jubileo del Año Santo Compostelano, que tiene lugar cuando la fiesta del Patrón de España coincide en domingo. A pesar de que tras la Edad Media la Vía Francisca cayó en desuso debido a los avatares políticos y religiosos, recuperó su apogeo a finales del siglo XIX al resurgir el interés de la temática jacobea. En la actualidad la Ruta Xacobea sigue gozando de gran relevancia, lo demuestra el hecho de que el 23 de octubre de 1987 fue declarada, por el Consejo de Europa, Primer Itinerario Cultural Europeo. Pero quienes realmente a lo largo de los siglos han hecho popular y particular el Camino de Santiago han sido sin duda los peregrinos; sería bueno, entonces, preguntarnos quiénes son éstos.

En los inicios de las peregrinaciones cristianas (a Roma o Jerusalén, a Lourdes o Fátima, e incluso a Covadonga), los peregrinos eran aquellos que, por devoción, emprendían el camino a un santo lugar en busca de la bendición, el perdón, la cura para sus enfermedades o la gracia que deseaban les fuera otorgada. Antiguamente el peregrinaje consistía en abandonar la vida mundana, emprender el camino e imbuirse de espiritualidad en el recorrido; de ese modo los peregrinos al llegar a su destino se habrían hecho merecedores del favor del Señor. El sepulcro del mártir fue uno de los más visitados por los enfermos, que buscaban curación para sus males; resulta paradójico que en el tiempo presente sean las personas con discapacidad física las más desfavorecidas para realizar la peregrinación al monumento del apóstol.

En el año 2003, Año Europeo de las Personas con Discapacidad, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, a través del IMSERSO, redactó el I Plan Nacional de Accesibilidad 2004-2012, concebido como el primer propósito de actuación en el Proyecto de Ley de Igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal de las personas con discapacidad. Esto supone que en ese periodo de tiempo se habrán de tomar las medidas necesarias para que ciertos itinerarios —en los que se incluiría la Ruta Jacobea— lleguen a ser practicables por caminantes con movilidad reducida una vez adecuados. Pero de momento, las actuaciones que se han llevado a cabo este año al respecto han sido escasas. Sólo nos consta que la Xunta de Galicia ha desarrollado un programa de adaptación de los albergues de peregrinos —de nueva ejecución o recientemente rehabilitados— para las personas con discapacidad. Por lo demás, no tenemos noticia de que haya habido más intervenciones de este tipo en el resto del recorrido a pesar de ser Año Santo Compostelano. No obstante, comprobamos que acuciados por Europa está habiendo una mayor concienciación gubernamental de los derechos de las personas discapacitadas, lo que anima a pensar que es posible que en años sucesivos sí se efectúen acciones para facilitar el trayecto a las personas con limitación física hacia el sepulcro del santo patrón.

En espera de ello, hoy por hoy, el denominado Camino Francés —dejando a un lado los demás caminos alternativos— es el más adecuado para recorrer en silla de ruedas o con muletas, debido a que tiene mejor infraestructura, ya que en los siglos X y XI también fue calzada militar. El total del recorrido es difícilmente practicable para una persona que ha de desplazarse de ese modo pero, sin embargo, hay quienes se han atrevido a realizarlo; es cuestión de adaptar las etapas a la capacidad física de cada uno preparándolas previamente con detenimiento; mejor ir acompañado y con un coche de apoyo, y saber que los portadores del certificado de minusvalía son los peregrinos que primero tienen derecho a ser hospedados en los albergues. Hay una detallada guía —Guía del Camino de Santiago para Personas con Discapacidad— que puede consultarse en la página Web  HYPERLINK “http://www.ibermutuamur.es/camino_santiago/inicio/camino.htm” http://www.ibermutuamur.es/camino_santiago/inicio/camino.htm y que servirá de gran ayuda para los que en esa circunstancia se animen a emprender el Camino. Si bien hay que tener en cuenta que aún siguiendo los consejos de esta guía, para una persona con discapacidad realizar la Ruta Xacobea hoy en día entraña todavía mayor dificultad que para los demás.

Este verano pasado conocí a un peregrino que a pesar de su minusvalía recorrió el Camino Francés en silla de ruedas desde Francia, su país natal, y que fue superando todos los inconvenientes hasta llegar a Santiago de Compostela. El entusiasmo con el que me narraba su experiencia revivió en mí el anhelo de hacer la ruta, vivencia a la que había renunciado hace años al perder parte de mi capacidad física. Mi conversación con Eduard me animó a seguir próximamente la Vía Láctea adaptando las etapas a mis posibilidades y vivir la experiencia desde la perspectiva de discapacitada.

Por tanto, dejando a un lado las creencias religiosas de cada cual y teniendo en cuenta la importancia cultural del Camino de Santiago y la experiencia a vivir, DIFAC anima a realizar el Camino a quienes sientan dicha inquietud, sean cuales sean sus limitaciones. En el recorrido encontrará seres dispuestos a ayudarle, gente necesitada de contar sus cuitas, personajes que enriquecerán su vida, paisajes llenos de encanto, e irá dejando constancia en cada lugar de la necesidad imperiosa de equiparar nuestros derechos.

Avilés, 9 de diciembre de 2004

PDF del reportaje en SerCapaz

Imagen: José Ignacio Soto