Relato juvenil


Es probable que hoy haya llegado el futuro del que mi padre me habla. Lleva veintisiete años hablando de mi futuro. Una empresa multinacional, que comercia ropa vaquera, me ha ofrecido un contrato laboral.

Este edificio es el antiguo psiquiátrico. Ahora está vacío y tiene diversos usos como este: servir de sede temporal a una multinacional. Está apartado de la ciudad, en medio de un bosque. Al llegar, coincidí con una chica.

⎯Me llamo Urraca. Soy diseñadora de modas y vengo a una entrevista de trabajo.

⎯Tienes un nombre precioso, de ave.

Nos han conducido a diferentes estancias.

Espero encerrado en una inhóspita habitación mientras han ido a redactar un nuevo contrato. No he aceptado su propuesta inicial. De repente, oí el canto lejano de un pájaro y les dije que no estaba de acuerdo con lo que me ofrecían. La habitación es amplia, pero me siento enjaulado. No tiene ventanas. Las paredes son verdes. Hay estanterías vacías, vacías como todo lo demás. Vacías como mi propia vida. Un hueco adintelado abre paso a otra estancia similar a ésta.

Mi padre me aconsejó que pensara en el futuro.

⎯Tienes demasiados pájaros en la cabeza, debes pensar en tu futuro. Estudia económicas. Y me licencié en económicas. Posteriormente, hice un máster en Estados Unidos.

⎯Hijo, el futuro es tuyo ⎯me alentó cuando regresé.

Un amigo de mi padre tiene una empresa familiar de fabada en conserva. Mi padre le rogó que me contratara.

⎯Es hora de que empieces a saber lo que es el mundo laboral, hijo.

Comencé a trabajar allí de administrativo. Y pensé que, por fin, comenzaría mi vida.

Paseo inquieto por la habitación. Hoy el color verde no me transmite su efecto relajante. El canto del pájaro ha cesado, el silencio me ensordece.

El trabajo era rutinario. Las labores que debía desarrollar no entrañaban interés para mí. Haciendo uso de mis conocimientos, le di unos consejos de mercadotecnia a mi jefe para acrecentar la demanda del producto. Las ventas aumentaron en pocos meses.

¿Cómo le irá a Urraca? Me acerco al vano que comunica las estancias y paseo mis ojos por la habitación contigua. Incomprensiblemente avisto el bosque a través de la pared del fondo. Fijo la mirada en ella. Sólo distingo un cuarto sin salida.

Una empresa nacional de calzado me hizo una oferta para trabajar en el departamento de promoción de ventas.

⎯No puedes rehusar, hijo. Tienes que pensar en tu futuro.

Mientras pensaba en las aves, acepté la oferta. Las ventas se dispararon en la temporada siguiente a mi incorporación.

De nuevo mi mirada atraviesa el tabique permitiéndome contemplar el bosque. Parpadeo de manera insistente. Es una alucinación. Puede que este lugar me esté volviendo loco.

La multinacional se interesó, entonces, por mí.

⎯¡Ahí está, hijo! Ahí tienes tu futuro.

Oigo pasos y voces que se acercan por el pasillo. Mi padre ha manipulado mi vida, como yo la de los consumidores. Giro la cabeza hacia el vano, fijo la mirada en la pared del fondo; se desvanece. Atisbo el bosque a lo lejos, me separan de él varias estancias. De nuevo cierro los ojos. Al abrirlos la visión persiste. Se detienen los pasos y las voces se intensifican. Me vuelvo, el pomo de la puerta gira. Por un instante, sólo oigo mi agitada respiración. Siempre quise ser ornitólogo.

Me doy la vuelta y empiezo a correr en dirección al bosque sin mirar atrás. Siento un fuerte impacto. Franqueé el muro. Cruzo habitaciones y traspaso tabiques en una frenética escapada. Advierto que alguien se une a mi carrera. Atravieso el edificio sin apenas lastimarme. La alegría inunda mi ser. Sigo el tronco de un árbol que marca el camino de la huída. Me lanzo al vacío. Urraca vuela a mi lado.

Avilés, mayo 2002

Ilustración: Bruce Holwerda